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Duralex: la vajilla de nuestras abuelas

¿Es posible que unos vasos verdes o un servicio de café marrón nos vuelva locos a los amantes de lo vintage? ¿por qué una vajilla utilitaria, éxito absoluto de ventas en los 80 y 70, ha pasado a la historia como un auténtico icono reconocido por todos? “Desde hace casi un siglo, Duralex crea objetos cotidianos que se han convertido en emblemáticos en todo el mundo”. Y es que, estos hacedores de vasos indestructibles, tienen claro hasta qué punto su huella ha marcado la memoria y los recuerdos de los hogares de media Europa.

El punto de partida de esta historia se sitúa en Saint-Gobain, localidad francesa donde se instalaría una compañía vidriera que iría progresivamente perfeccionando la técnica del vidrio templado. Es precisamente esta técnica, la de calentar paulatinamente el vidrio y luego enfriarlo rápidamente, la que permitía que estos vidrios obtuvieran una resistencia hasta tres veces superior a la del material original, algo que fue clave en su aplicación a las vajillas domésticas. En 1945, debido a los buenos resultados de esta técnica, se funda Duralex, y si tenemos en cuenta el contexto de posguerra en la que Europa estaba sumida, podemos entender su éxito en una Francia cuyos habitantes necesitaban optimizar al máximo sus recursos. Es por ello que estas vajillas, duraderas y resistentes, se colaron en los hogares de gran parte de los europeos, sobre todo durante las décadas de crecimiento económico que fueron los 60 y 70. 

Los valores de modernidad implícitos en los productos Duralex (como las medias de nylon), además de la relación calidad-precio, fue algo que sedujo a los españoles, muy lejos de la prosperidad de la que podían presumir otros países europeos como Francia y Estados Unidos. Mientras que la vajilla de cerámica y cristalerías finas se reservaba para las fiestas navideñas y tres fechas mal contadas, a diario se empleaban estos vasos y platos marrones y verdes, baratos y prácticamente irrompibles, que resistían prácticamente todo: estropajos, cocidos hirvientes de la abuela,… Así que, sustituir las antiguas vajillas de loza por las modernas de vidrio templado de Duralex, fue en los 70 un gesto simbólico que implicaba el paso de la autarquía al liberalismo económico en la última década de la dictadura. 

Como otras marcas de vajillas a las que dedicaremos alguna que otra reseña futura, los artículos de Duralex se podían adquirir por vajillas completas, o con piezas sueltas habitualmente en las ferreterías o en comercios como Galerías Preciados. Por todos estos motivos, la demanda española creció hasta tal punto que la empresa con origen francés consideró trasladar la fabricación a nuestro país, estableciéndose así la empresa Vidriería de Castilla en Azuqueca de Henares en el año 1963, impulsando la industrialización de una región tradicionalmente sostenida por la agricultura . A pesar de que España fue un mercado en expansión durante varias décadas, lo cierto es que a partir de los años 90 Saint-Gobain decidió deshacerse de su marca de vajillas. Los motivos fueron varios: una sociedad cambiante, nuevos gustos y nuevos competidores. A partir de este momento, Duralex fue condenada a pasar de mano en mano de diferentes compradores, hasta que ya en el nuevo milenio, la marca consiguió montarse en el carro de las nuevas formas comerciales, inaugurando web y nuevo catálogo. Pero la historia continúa: en 2025 sus directivos anunciaron la quiebra de la empresa pero, al igual que otras historias entrañables de recuperación como el caso Polaroid, sus antiguos empleados se hicieron cargo de la misma constituyéndose en cooperativa, comenzando una nueva historia de expansión y apuesta por el producto que, esperemos, tenga final feliz. 

Hoy por hoy estas piezas suscitan emociones y significados variados: nostalgia en aquellos que vivieron la época de esplendor de los vasos verdes y marrones, veneración en otros que coleccionamos y usamos con auténtica devoción estas piezas constituidas como iconos del ideario popular colectivo. Lo cierto es que, tomarse un vermut y unas gildas en algún platillo y vaso de los antiguos Duralex, sabe muchísimo mejor que en unos de Ikea.

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