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Relato de un shooting

Desde que empezó este proyecto me he dado cuenta, un poco a mi pesar, de que va a ser cierto eso de que humanizar la marca y enseñar los procesos son cosas que interesan a tus posibles clientes, y que te acercas más a ellos de este modo. Así que ayer, cuando subí a stories una foto del making off de mi primer shooting y vi el éxito que tuvo, decidí escribir un pequeño relato de esta historia. Así que he pasado de una estrategia mental de impersonalidad total en las redes, a ir compartiendo día a día un poquito de la realidad detrás de FOEL. Vamos con este relato. 

Desde que este proyecto nació (esa es otra historia que será contada a su debido momento), tenía clara la importancia de hacer una sesión de fotos como modelos de carne y hueso, es decir, darle vida a la ropa que vendo en la web. Todo sonaba genial y sencillo en mi cabeza, pero nada más lejos de la realidad, pues para organizar un shooting hay que mover y remover mucho. Partamos de la base de que una servidora es profesora de Historia y que esto de las sesiones de fotos de moda es algo en lo que nunca he entrado profesionalmente. ¿Síndrome de la impostora? Quizás tuve un poco en el proceso de preparación, pero una ya ha toreado en muchas plazas y procura darse el valor que se merece. No habré hecho ningún shooting antes, pero tengo un bagaje enorme en muchas otras cosas que enriquecen cualquier cosa que me proponga. 

Pero vamos por partes y con la realidad por delante: en un emprendimiento reciente no se tienen grandes presupuestos, aunque sí mucho entusiasmo. Lo primero fue encontrar al fotógrafo, quizás lo más complejo, pero por suerte para mi lo más sencillo. Lo tenía en la cabeza: Sergio Albert, un fotógrafo especializado en fotografía de directos musicales y mucho más, con un rollazo que es exactamente lo que yo buscaba, amigo de toda la vida de mi pareja. La modelo también la tenía en mente, Estefanía, una ilustradora con la que ya había currado en otro proyecto (nada que ver con esto de las fotos), que simplemente me gustaba por su pinta. Lo de las modelos fue curioso, porque de una que teníamos al principio, pasamos al final a tres casi cuatro: Amanda, la pareja de Sergio y Carmen, amiga de ellos se unieron casi al final. Otra cuestión era el makeup y los pelos, y ahí tiré nuevamente de los contactos de mi chico, el cual consiguió que Beatriz se uniera al grupito. una pedazo de profesional que se implicó a tope desde el minuto uno. 

De forma paralela y mientras que se decidía todo esto, fui trabajando en la ambientación y en los looks. Aunque en FOEL tenemos ropa de los 70, 80 y 90, quise centrarme en los 70, quizás porque de esta década tengo muchas piezas y también porque es una de mis favoritas. Y como últimamente me está interesando mucho la estética setentera española, un poco más cañí y pedestre que la anglosajona, empecé a pensar en una localización ideal. Pero antes de esto, os cuento cómo trabajé los looks: primero elegí alguna pieza de ropa especial por algún motivo, una statement piece que llaman los expertos. A partir de ella, fui eligiendo el resto de prendas y complementos, simplemente probando sobre un maniquí hasta que el look completo funcionara. Ensayo y error, básicamente. Preparé cada look en perchas numeradas, e hice fotos de cada uno de ellos. La idea era tener todo muy organizado y a mano para que los cambios fueran lo más fluido posible. Lo único que dejé para hacer in situ fue asignar los looks a las modelos, por una cuestión de colorimetría. 

El tema de las localizaciones fue la clave. Por una cuestión logística surgió la posibilidad de hacer nuestro shooting en Ciudad Pegaso. Aquí me sale, porque es inevitable, mi vena de profesora de Historia: Ciudad Pegaso es una colonia situada en el barrio de San Blas (Madrid), que se inauguró en el año 1956 para dar vivienda a los trabajadores de la empresa estatal ENASA. El desarrollismo franquista estaba a la vuelta de la esquina, y este lugar es el reflejo de todo ello. La colonia, que tomó el nombre de la marca de uno de los camiones que más se fabricaban, contó con una serie de servicios poco usuales en la época como un cine propio, consultorio médico, zonas verdes y locales para uso social. Hoy  la morfología del barrio sigue intacta con sus jardincillos, plazuelas y bloques de ladrillo visto, por lo que la zona era ideal para ubicar el shooting. 

El día del shooting fue, ante todo, un día entre amigos, por lo que nos lo pasamos genial. Saqué mil y una ideas y más aprendizajes que utilizaré en las próximas sesiones de fotos para FOEL, sobre todo de cara a dinamizar más las sesiones con quita y pon de cosas (abrigos, gafas de sol…) in situ, y a tener mucho más presente el timing. Pero nadie nace sabiendo, ¿verdad? En conclusión, la experiencia fue súper enriquecedora, tanto el proceso de preparación como el día del shooting en sí mismo.

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