Lookbook

    • Asun

      “Asun, soltera y sin hijos, presume de ser la tía favorita de sus sobrinos. Acude sin falta a visitarlos todos los domingos, siempre con sus bolsas de chuches para todos ellos. Conduce diariamente para ir a trabajar a la Siemens de Málaga, donde se codea con un puñado de nazis refugiados en la Costa del Sol, pero eso ella ni lo sabe ni lo sospecha. El coche se lo compró hace unos meses, algo que la convierte en una auténtica pionera entre las mujeres de su entorno, ocupadas en menesteres domésticos que ella detesta. A veces se siente un bicho raro, una mujer que nada a contracorriente, pero al calor de sus hermanas y sobrinos, esos pensamientos le dan algo de tregua. Los libros también ayudan, en ellos se sumerge hasta desaparecer durante horas, total, nadie depende de ella, no tiene que planchar ningún pantalón ni prepararle la cena a ninguna criatura…” 

       

      Este look está inspirado en aquellas mujeres que, sin pretenderlo en muchas ocasiones, rompieron moldes y expresaron con sus decisiones vitales la tensión existente entre la represión y la libertad propias de la sociedad española de los años 70. Esta idea nos evoca algunos personajes femeninos icónicos de nuestro cine como los de Marta y Laura en Me siento extraña (1977) o Carmen en Tigres de Papel (1977), los cuales aún debían convivir con los roles tradicionales de género, pero ya comenzaban a expresar una mayor libertad en el contexto de la Transición. 

       

      La ropa que hemos utilizado:

    • Carmencita

      «Carmencita es una buena chica. Al menos esa es la imagen que tienen de ella todos los que la rodean. Por la tarde tiene una cita con Pura, la modista, para hacer la tercera prueba del traje de novia. La acompañan su madre y su suegra, orgullosas a reventar por esa boda en ciernes. Pero más orgullosas están de que Carmencita sea una hija y una nuera ejemplar, como Dios manda.

       

      Pero a Carmencita, que intenta mantener el tipo y disimular las arcadas, le entran los siete males  cuando se acuerda de que ya van dos faltas. Ni se ha atrevido aún a contárselo al Fermín, no sabe cómo va a reaccionar. Lo que sí sabes es que, por mucho que su madre se lo advirtiera, al final terminarán ardiendo en el infierno…”

       

      Este look está inspirado en todas aquellas mujeres del mundo real que, en los años 60 en nuestro país, vivían según las normas de una sociedad profundamente católica y patriarcal. Si bien es cierto que en las capitales la moda se abría paso a aires más modernos, en los pueblos y capitales de provincia las mujeres no llevaban minifaldas de colores ni vestidos geométricos.

       

      Y aunque esta Carmencita que hemos imaginado tiene mezcla de algunas épocas y su pelo y pintas no son estrictamente de los 60, hay algo en ella que nos lleva a esas perfectas esposas y nueras que reprimían y callaban lo que no tenía que ser dicho ni expresado. 

       

      Las prendas que hemos utilizado son:

    • Pruden

      “Pruden es la comidilla el barrio. Cuando pasea su exhuberancia por las calle de San Blas, las vecindonas critican su contoneo y sus ropas chillonas, y los vecinos babean a través del cristal del bar. 

       

      Pero Prudencia, lejos de echarle cuentas a las miradas furtivas de unos y otros, barrunta en su cabecita una sola cosa: estaba decidida, por la noche iba a echar en el gazpacho esas gotitas sin color que la Amparo le habida dado ya hacía varios meses. Ya estaba harta de que el Paco la destrozara día sí y día también…”

       

      Este look es una mezcla de piezas de diferentes épocas, 70 y 80, con complementos sacados de aquí y de allá: unos pendientes de bisutería vintage resultones, un cesto de plástico de la compra de los 70, unas gafas actuales… Colocado todo en la modelo, nos evocó a algún personaje femenino de esos que a Almodóvar le encanta retratar: Pepa Marcos de Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) o Raimunda de Volver (2006). En ellas y en los decorados en los que se desenvuelven, sobre todo interiores domésticos, el rojo cobra un protagonismo esencial: el amor y el odio, la pasión y la violencia.

       

      La ropa que hemos utilizado:

       

    • Rita

      “Hace ya un par de años que Rita dejó atrás el pueblo y se marchó a la capital a buscar porvenir. Dos años, quién lo iba a decir. Una vez al mes pone una conferencia al teléfono del pueblo, para hablar con su madre. Aunque jamás de los jamases volvería a Buciegas, cada vez que escucha su voz al otro lado del aparato, le entra un pellizquito en el estómago que apenas sabría explicar. Lo que tiene claro es que ella ya se siente otra, diferente, aunque es algo de lo que prefiere no hablar con su madre y, mucho menos, con su abuela. A ellas es mejor hacerles el teatro, que piensen que sigue siendo aquella muchachita que no sabía de qué iba la vida, y todos contentos. Si la vieran ahora, con sus ropas modernas y sus hablares de la capital, seguro que no la reconocerían. 

       

      Lo sabe, no va a volver, no puede volver, aunque le diga a su madre todos los meses lo contrario. Su trabajo le ha costado quitarse el pueblo de encima, de sus ropas, de su piel y de su mente y teme que, de volver aunque solo sea de visita, aquello se le pegue otra vez encima y tenga que empezar de nuevo otra vez”. 

       

      No sabría explicar porqué este look me ha llevado a escribir esta micro historia. Una chica, de las muchas que habría en España abandonando sus pueblos y sus raíces, para convertirse en una más en la gran ciudad. Me vienen a la mente las películas de Gracita Morales, que con tanto éxito recrearon el éxodo rural en clave de humor. Pero aunque fueran comedias, estas películas representaban de forma realista la llegada masiva de mujeres y hombres procedentes de todos los rincones de nuestra geografía a la jungla de asfalto que era Madrid, con su buena ración de desarraigo.

       

      Este look es el resultado de la combinación de las siguientes piezas: 

    • Sole

      Al principio dudó, luego pensó ¿pero dónde estaba el problema? Solo iban a ser unas fotos, nada más. Quizás de ese modo pudiera verla el señor ese que le habían dicho que llevaba la revista en la que estaba empeñada en entrar. Su sueño era ser vedette, eso era, ni más ni menos, vestir con plumas y brillos, bailar delante de mucha gente en dos o tres funciones al día. Era joven, tenía correa de sobra y necesitaba el dinero. Pero cuando aquel fotógrafo de pelo grasiento le dijo que enseñara carne, le espantó. “Niña, que a las revistas ya no va gente, películas es lo que tienes que hacer” 

       

      ¿Pero dónde irían a parar esas fotos? Algo le habían dicho de que en el cine las mujeres enseñaban más de la cuenta, y hacían cosas que solo de pensarlo le salía persignarse como de automático. La cosa es que a ella de nunca le había salido enseñarse. Pero una cosa era ser vedette, desde un escenario bien lejos del público y de las manos largas, y otra muy diferente era destaparse delante de las pantallas de todos los cines de pueblos, provincias y capitales”. 

       

      Con esta historia y con este look hablamos de cine del destape, un capítulo en la historia del cine de nuestro país cuyo origen coincide con la supresión oficial de la censura franquista a la muerte del dictador en 1975. Un género el del destape, también llamado cine del despelote, de alto contenido erótico, de escasa calidad y mínimo coste, en las que el leitmotiv eran los desnudos femeninos. Fueron auténticos éxitos de taquilla, en las que la parte masculina estaba interpretada por señoros de la índole Pajares y Esteso. Una supuesta llamada a la libertad, cuando en realidad fue pura cosificación de la mujer.

      Puedes encontrar las prendas en los siguientes enlaces:

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